Hace
cien millones de años el mundo
simplemente existía. (Ya sabemos que todo comenzó por allá hace 15 mil millones
de años en medio del cataclismo cósmico). Una gota de tiempo que fue habitada
por gigantes -y diminutos, los sobrevivientes- dinosaurios. Vivieron en
soledad. Sin hombres. Una eterna soledad… Gracias a las estrellas, y sus primos
cometarios, el mundo se hizo humano y
murieron para siempre las bellas bestias y de un homo habilis, surgimos
nosotros. Estamos apenas aprendiendo a caminar.
Tratamos de alcanzar dimensiones verdaderamente humanas desde hace 2
millones de años, desde Lucy- en la
nativa África- y hoy balbuceamos un
sendero de escasos 5 mil pobres años de tiempo,
y de historia…
Estamos en Egipto, Ur, Caldea, Atenas, Esparta, La Meca, Jerusalén,
China, Mongolia y Turquía, lugares donde se escribieron las primeras páginas humanas. (Aún no
escribíamos, si acaso rayábamos las escenas de cacería en las rocas en alguna
segura caverna en Altamira. Todo era mágico, todo era mítico, todo era bello,
musical, silencioso, bueno…).
La larga noche, de pura contemplación y erotismo cerró su ciclo en Grecia, para nosotros máxima expresión de
episteme traducido en conocimiento. Surgió la
ciencia. La objetividad, la inquietud por el mundo y sus insondables
maravillas…. Murió el mundo pre- moderno, expresión, como ya dijimos, de puro
encanto y misterio. Ahora sabemos de las raíces: la arquitectura, el lenguaje,
el poema, la medicina, la física, la astronomía con Ptolomeo.
Y bien – el mundo a pesar del aporte ateniense- seguía siendo plano.
Nuestro sol y nuestra luna giraban alrededor de nosotros. Ra, en Alejandría- se
convertía para Eratóstenes, el genial bibliotecario, simplemente en una estrella más. No por ello
perdería su fascinante calor y color, pero del geocentrismo avanzamos pasos gigantes en el conocimiento con el advenimiento del heliocentrismo. Vinieron, que paradoja, casi 20 siglos! de oscuridad en un mundo
incompleto, plano y amenazado por lenguas de fuego de dragones que nos aguardaban al borde del abismo….De nuevo transitamos por
un mundo de tinieblas.
La herejía de Copérnico castigada por la Santa Inquisición no hacía más
que confirmar una cultura, en la que predominaban Europa y la religión
cristiana. Se pagaba con la vida cuando se osaba hacer preguntas y romper paradigmas. En
tanto, la humanidad estaba en la tarea de buscar nuevas rutas marítimas en pos
del lejano oriente: ¿Cuán definitivo es para la concepción de la modernidad el
descubrimiento de América?
Compartimos con Dussel (1993)
que la aventura de las tres carabelas de Colón hacia finales del siglo XV,
constituyó un hito fundamental en esa
dirección.
Por
supuesto, el mundo para entonces era
incompleto: le faltaba medio hemisferio de tierras y mares que eran parte fundamental
del rompecabezas definitivo. Magallanes y Elcano demostraron la esfericidad de
la tierra, y España no es simplemente la
tierra de forajidos a la que con frecuencia se reduce. Si, con el hierro y a caballo arrasaron a otras
etnias y culturas, saquearon. Gran costo de la modernidad.
Ilustración, renacimiento, reforma, revolución política francesa y
revolución económica industrial, fueron señales que nos despertaron de nuevo a
la civilización. Insistimos que la presencia de América es fundamental en el
espectro moderno. Los países europeos, no lo podemos negar, fueron
fundamentales en la renovación. Pero con todo y su gigante aporte el euro-centrismo
ha sido fuente de distorsiones, negaciones y desconocimiento de otras regiones,
costumbres y saberes. De otras regiones con sus culturas.
El
desencantamiento del mundo que trajo consigo la modernidad no estaría completo
hasta la inclusión del más lejano rincón del planeta.
Sería redundante insistir en los aportes de la gran región americana.
Aquí está ubicada la mayor potencia que ha existido en toda la historia humana
y eso por definición significa investigación, renovación y propuestas
permanentes. Estados Unidos de América nos deslumbra, nos invade, nos impone,
nos veta, nos ayuda, nos coloniza, nos obliga, nos asombra, nos decepciona…
Si como se postula, el mundo contemporáneo- pos moderno- es el fin de
la historia, la expansión del nihilismo- el desencantamiento del
desencantamiento nos obliga a mirarnos de nuevo y a hacer reflexiones en torno
a la biodiversidad, los movimientos migratorios, las guerras locales, la
monstruosa, inequitativa e injusta exclusión de la mayoría de la humanidad de
los bienes materiales, el cambio climático, los derechos de las minorías, las diversas culturas y sus etnias asociadas.
El calentamiento global nos condena como especie- que paradoja- inteligente
pero codiciosa, auto- destructiva, y con el agravante, como hemos dicho, de que
somos conscientes de las hecatombes,
pero continuamos absurdamente de espaldas a la lucidez.
Habermas
(2008) expresa que solo a través del diálogo fecundo, en un verdadero encuentro
de todas las naciones, sin exclusiones
ni estigmatizaciones de ninguna especie podremos, parafraseando a García
M. (1994) apartarnos de la condena a siglos de
soledad en el túnel del poder del dinero y del propio poder, como
precarias ambiciones de una especie llamada a mayores retos…
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