Tuesday, October 13, 2015

Breve reflexión en torno a la Modernidad

Hace cien  millones de años el mundo simplemente existía. (Ya sabemos que todo comenzó por allá hace 15 mil millones de años en medio del cataclismo cósmico). Una gota de tiempo que fue habitada por gigantes -y diminutos, los sobrevivientes- dinosaurios. Vivieron en soledad. Sin hombres. Una eterna soledad… Gracias a las estrellas, y sus primos cometarios,  el mundo se hizo humano y murieron para siempre las bellas bestias y de un homo habilis, surgimos nosotros. Estamos apenas aprendiendo a caminar.

Tratamos de alcanzar dimensiones verdaderamente humanas desde hace 2 millones de  años, desde Lucy- en la nativa África-  y hoy balbuceamos un sendero de escasos 5 mil pobres años de tiempo,  y de historia…

Estamos en Egipto, Ur, Caldea, Atenas, Esparta, La Meca, Jerusalén, China, Mongolia y Turquía, lugares donde se escribieron las  primeras páginas humanas. (Aún no escribíamos, si acaso rayábamos las escenas de cacería en las rocas en alguna segura caverna en Altamira. Todo era mágico, todo era mítico, todo era bello, musical, silencioso, bueno…).

La larga noche, de pura contemplación y erotismo cerró su ciclo en  Grecia, para nosotros máxima expresión de episteme traducido en conocimiento. Surgió la ciencia. La objetividad, la inquietud por el mundo y sus insondables maravillas…. Murió el mundo pre- moderno, expresión, como ya dijimos, de puro encanto y misterio. Ahora sabemos de las raíces: la arquitectura, el lenguaje, el poema, la medicina, la física, la astronomía con Ptolomeo.

Y bien – el mundo a pesar del aporte ateniense- seguía siendo plano. Nuestro sol y nuestra luna giraban alrededor de nosotros. Ra, en Alejandría- se convertía para Eratóstenes, el genial bibliotecario,  simplemente en una estrella más. No por ello perdería su fascinante calor y color, pero del geocentrismo avanzamos pasos gigantes en el conocimiento  con el advenimiento del heliocentrismo. Vinieron, que paradoja,  casi 20 siglos! de oscuridad en un mundo incompleto, plano y amenazado por lenguas de fuego de dragones que nos aguardaban  al borde del abismo….De nuevo transitamos por un mundo de tinieblas.

La herejía de Copérnico castigada por la Santa Inquisición no hacía más que confirmar una cultura, en la que predominaban Europa y la religión cristiana. Se pagaba con la vida cuando se osaba  hacer preguntas y romper paradigmas. En tanto, la humanidad estaba en la tarea de buscar nuevas rutas marítimas en pos del lejano oriente: ¿Cuán definitivo es para la concepción de la modernidad el descubrimiento de América?
Compartimos con  Dussel (1993) que la aventura de las tres carabelas de Colón hacia finales del siglo XV, constituyó un hito fundamental en esa  dirección.
Por supuesto, el mundo para  entonces era incompleto: le faltaba medio hemisferio de tierras y mares que eran parte fundamental del rompecabezas definitivo. Magallanes y Elcano demostraron la esfericidad de la tierra, y España no es  simplemente la tierra de forajidos a la que con frecuencia se reduce. Si,  con el hierro y a caballo arrasaron a otras etnias y culturas, saquearon. Gran costo de la modernidad.

Ilustración, renacimiento, reforma, revolución política francesa y revolución económica industrial, fueron señales que nos despertaron de nuevo a la civilización. Insistimos que la presencia de América es fundamental en el espectro moderno. Los países europeos, no lo podemos negar, fueron fundamentales en la renovación. Pero con todo y su gigante aporte el  euro-centrismo ha sido fuente de distorsiones, negaciones y desconocimiento de otras regiones, costumbres y saberes. De otras regiones con sus culturas.
El desencantamiento del mundo que trajo consigo la modernidad no estaría completo hasta la inclusión del más lejano rincón del planeta.

Sería redundante insistir en los aportes de la gran región americana. Aquí está ubicada la mayor potencia que ha existido en toda la historia humana y eso por definición significa investigación, renovación y propuestas permanentes. Estados Unidos de América nos deslumbra, nos invade, nos impone, nos veta, nos ayuda, nos coloniza, nos obliga, nos asombra, nos decepciona…

Si como se postula, el mundo contemporáneo- pos moderno- es el fin de la historia, la expansión del nihilismo- el desencantamiento del desencantamiento nos obliga a mirarnos de nuevo y a hacer reflexiones en torno a la biodiversidad, los movimientos migratorios, las guerras locales, la monstruosa, inequitativa e injusta exclusión de la mayoría de la humanidad de los bienes materiales, el cambio climático, los derechos de las minorías,  las diversas culturas y sus etnias asociadas. El calentamiento global nos condena como especie- que paradoja- inteligente pero codiciosa, auto- destructiva, y con el agravante, como hemos dicho, de que somos conscientes de las hecatombes,  pero continuamos absurdamente de espaldas a la lucidez.


          Habermas (2008) expresa que solo a través del diálogo fecundo, en un verdadero encuentro de todas las naciones, sin exclusiones  ni estigmatizaciones de ninguna especie podremos, parafraseando a García M. (1994) apartarnos de la condena a siglos de  soledad en el túnel del poder del dinero y del propio poder, como precarias ambiciones de una especie llamada a mayores retos…

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