Tuesday, October 13, 2015

La Modernidad, la historia del tiempo presente

Por: Catalina Echavarría

Existen diferentes formas de aproximarse al estudio de la historia, cada uno de los métodos que se utilizan para entenderla consiste en la caracterización del ambiente en el cual sucedieron diferentes episodios que se consideran relevantes para explicar el presente. En este sentido, una de las formas para entender la historia de los pueblos del mundo es dividir los acontecimientos y fenómenos en tres eras: Premodernidad, Modernidad, y Postmodernidad. Por tanto, los tres conceptos corresponden a fenómenos y actitudes históricos que ocurren en diferentes sociedades a lo largo de su historia en momentos distintos. En el eje de la explicación se halla la idea misma de modernidad; ¿puede entonces ser la historia de Occidente la historia de la modernidad? El presente texto pretende dar respuesta a este interrogante a través de la caracterización de cada una de estas eras. Es necesario aclarar que los tres conceptos, premodernidad, modernidad y postmodernidad se refieren a cosmovisiones, a mentalidades históricas.


 Foto: @ Julian Voloj

Antecedentes (premodernidad)
La premodernidad, se refiere a aquella cosmovisión cuyos valores están asentados en la tradición. Si se tienen en cuenta las ideas de temporalidad: pasado, presente y futuro, la premodernidad asienta su razón de ser en el pasado, en el saber hacer tradicional. En el contexto europeo, la premodernidad prevaleció hasta finales del Siglo XV. Tanto la Antigüedad clásica (Grecia y Roma) como en su continuidad en el resto de Europa Occidental, la Europa medieval, los valores del pasado y formas de hacer del pasado, le daban una razón de ser al presente de entonces (Said, 2002).
Europa, anquilosada en los dogmas de fe que incitaban a las guerras religiosas y condenaban el conocimiento que no tuviese una fuente divina, mantuvieron el statu quo hasta que eventos como la caída de Constantinopla, El Descubrimiento de América y la adopción de los 4 grandes inventos chinos (pólvora, brújula, papel e imprenta) hicieron posible el desarrollo de una nueva forma de entender el mundo.

La imprenta, uno de los 4 grandes inventos chinos

Desde finales del siglo XV, la mentalidad europea se fue transformando teniendo el paradigma del porvenir, del futuro, como meta y aspiración. La modernidad ha sido un proceso que se ha ido alimentando de hitos y otros procesos históricos a lo largo de más de quinientos años y que se ha convertido en la razón de ser de Occidente (Hobsbawm, 1987).

Photo: Wall decorations made with human bones
Cripta Capuchina en Roma, Italia

La Modernidad
A partir del siglo XVI, comienza una nueva era para la historia de Europa, que posteriormente dio inicio al período denominado el Renacimiento. Gracias a los avances en la navegación que permitieron el descubrimiento de América y los grandes viajes de exploración del siglo XVI. Los cambios acaecidos por el uso de la imprenta y el papel que hicieron posible la difusión masiva de conocimiento, permitieron un intercambio masivo y sin precedentes de información que hizo posible el cambio de la mentalidad imperante. La valoración y financiación  de las artes empezó un nuevo período de optimismo por el futuro, llamado Modernidad.
Esta era no empieza en un período determinado, ni el cambio que acarrea sucede de manera simultánea en todo el planeta: hay varios hitos que la van alimentando y le dan un carácter más allá de una época histórica; como se dijo atrás es una forma de pensar el mundo, una nueva cosmovisión que se empieza a difundir de forma disímil alrededor del planeta. En otras palabras, la adopción de los valores y perspectivas modernas no se ha dado de la misma forma alrededor del mundo; existen sociedades, aunque pocas, que siguen siendo premodernas.
El siglo XVI comienza con el sueño de Thomas Moro y otros pensadores, quienes escriben divertimentos literarios llamados utopías: fantasías que no existen en el mundo actual pero que es posible que sucedan en el futuro, un porvenir lleno de optimismo. Las utopías de Moro, Campanella, Bacon, y otros visionarios más, dibujarían un plano de un futuro mejor,, optimista y posible. La modernidad mira hacia el futuro, rechaza el pasado por considerarlo vetusto, está anclada a palabras como innovación y progreso.
Otro hecho significativo fue la Reforma protestante, que mina los cimientos de la iglesia Católica en Europa y comienza a plantear un sistema de pensamiento que tiene mucho que ver con la idea de previsión hacia el mañana, el rol central del trabajo y la filosofía del ahorro (Sebrelli, 1997). Todos estos son principios prevalentes dentro de la mentalidad protestante que se asocia a la idea misma de modernidad.


En el siglo XVII el mundo se expande con las colonias de ultramar; los grandes viajes permiten la afluencia de capitales que se mueven hacia ramas diferentes a las necesidades básicas: es el principio de la revolución científica. Los descubrimientos en física, astronomía, química, biología y medicina sientan las bases de la ciencia moderna, desplazando al método tradicional de conocimiento (la escolástica) y desvirtuando las enseñanzas de la iglesia.
En el siglo XVIII llega la revolución industrial aunada a los conceptos de progreso, avance, y mejora continua; la máquina de vapor es la prueba de la perfección. Sería entonces teóricamente posible crear sociedades-máquina que se asemejen a la máquina perfecta, intentando copiar el modelo de la perfección para la sociedad: cada componente es especializado, la limpieza y el orden son fundamentales para que funcione armónicamente. La revolución industrial permite los excedentes, lo cual acelera el proceso macroeconómico, y de intercambio internacional, empieza entonces otro tipo de dominación que no es física, sino de relaciones económicas (Hobsbawm, 2000). .
El desarrollo económico europeo que se deriva del comercio de ultramar durante los siglos XVI a XVIII permite que los excedentes, la nueva riqueza monetaria creada por dicho comercio, pueda financiar empresas intelectuales como el Enciclopedismo, y hacen posible asimismo movimientos como el Iluminismo que comienzan a cuestionar el statu quo político representado en las monarquías.


Lo anterior tiene como consecuencia la época de las revoluciones políticas: Estados Unidos de América abraza rápidamente una modernidad religiosa con la idea de “destino manifiesto”. La independencia de Estados Unidos de América crea este mito fundacional de la modernidad, es una revolución en todo el sentido de la palabra pues tras 1776 surge un modelo de Estado completamente novedoso que plantea un sistema político democrático con equilibrio de poderes y una Constitución: es el principio de la democracia contemporánea.
Luego llega la Revolución Francesa  que le aporta a la modernidad el laicismo, la idea de soberanía del ciudadano, el habitante de la ciudad; una persona autónoma que decide sin injerencia del clero. Con la Revolución Francesa se termina de asentar una visión totalmente opuesta a la intervención religiosa, acaba con la forma medieval de cocnocer y percibir el mundo a través del caleidoscopio de la religión. La estocada final al poder de la iglesia: la teoría de la Evolución hace que el mundo se secularice. La teoría de la Evolución se adapta al determinismo social dando como resultado una justificación para los procesos coloniales del siglo XIX y XX (Hobsbawm, 2000). Este último siglo es el siglo del triunfo y la crisis de la modernidad. El futuro se ve maravilloso: los antibióticos y otros avances en la medicina permiten que se prolongue la vida dramáticamente. El siglo XX es el siglo de la infancia y el ocaso de la vejez.



La Postmodernidad
Con la entrada del siglo XX llegan los primeros brotes de insatisfacción: la Revolución Bolchevique y la Primera Guerra Mundial son devastadoras para el optimismo de la modernidad; la promesa ha sido incumplida, la máquina no elimina los conflictos, los crea. Cuando llega la Gran Depresión, se crea un choque que a nivel filosófico y literario se ve reflejado en las distopías de Huxley y Orwell. El futuro ya no es brillante, es un apocalipsis (Fukuyama, 1992).



Las postmodernidades son aquellos movimientos sociales, políticos y culturales se oponen total o parcialmente a la modernidad. Surgen entonces las diferentes ramas de la Posmodernidad que beben de las fuentes premodernas pues muchos reflejos postmodernos se inspiran en tiempos y tradiciones premodernas y de las sociedades tradicionales o percibidas como tal: nuevas formas de acercarse al mundo que son revolucionarias porque miran hacia atrás, buscan lo perdido por la Modernidad, son neoconservadoras, buscan la simplicidad de los placeres, regresar a lo básico, alejarse de una sociedad-máquina que no funcionó (Fukuyama, 1992). Las postmodernidades son aquellas que ubican los movimientos ecologistas por sobre los principios del progreso de la modernidad; aquellos que prefieren una sociedad heterogénea por sobre la homogenización a la que aspira la modernidad. 


Referencias

Calinescu, M. (S.F). Cinco caras de la modernidad. Modernismo, vanguardia, decadencia, kistch, posmodernismo. Disponible en: http://goo.gl/BIwR9G
Dalby, S. (2008). Geopolitics, grand strategy and critique: twenty years and counting… Disponible en: http://goo.gl/LDWVBC
Dussel, E. (1993). Europa, modernidad y eurocentrismo. Disponible en: http://goo.gl/9JAEzr
Fukuyama, F. (1992). El fin de la historia y el último hombre. Barcelona: Editorial Planeta.
Hobsbawm, E. (1987). The Age of Empire 1875-1914. London: Pantheon Books.
Hobsbawm, E. (2000). La Era de las Revoluciones. Barcelona: Editorial Crítica.
Jiménez, J. SF. Algunas notas sobre el concepto de Modernidad. Disponible en: http://goo.gl/KmZfmR
Parra, F. (2005). Modernidad y postmodernidad: desafíos. Chile: Red PHARO.
Said, E. (2002). Orientalism. New York: Vintage Books
Sebrelli, J. (1997). El Asedio a la Modernidad. Madrid: Ariel.

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