Por: Catalina Echavarría
Existen diferentes formas de
aproximarse al estudio de la historia, cada uno de los métodos que se utilizan
para entenderla consiste en la caracterización del ambiente en el cual
sucedieron diferentes episodios que se consideran relevantes para explicar el
presente. En este sentido, una de las formas para entender la historia de los
pueblos del mundo es dividir los acontecimientos y fenómenos en tres eras:
Premodernidad, Modernidad, y Postmodernidad. Por tanto, los tres conceptos
corresponden a fenómenos y actitudes históricos que ocurren en diferentes
sociedades a lo largo de su historia en momentos distintos. En el eje de la
explicación se halla la idea misma de modernidad; ¿puede entonces ser la
historia de Occidente la historia de la modernidad? El presente texto pretende
dar respuesta a este interrogante a través de la caracterización de cada una de
estas eras. Es necesario aclarar que los tres conceptos, premodernidad, modernidad
y postmodernidad se refieren a cosmovisiones, a mentalidades históricas.
Foto: @ Julian Voloj
Antecedentes
(premodernidad)
La premodernidad, se refiere a aquella
cosmovisión cuyos valores están asentados en la tradición. Si se tienen en
cuenta las ideas de temporalidad: pasado, presente y futuro, la premodernidad
asienta su razón de ser en el pasado, en el saber hacer tradicional. En el
contexto europeo, la premodernidad prevaleció hasta finales del Siglo XV. Tanto
la Antigüedad clásica (Grecia y Roma) como en su continuidad en el resto de
Europa Occidental, la Europa medieval, los valores del pasado y formas de hacer
del pasado, le daban una razón de ser al presente de entonces (Said, 2002).
Europa, anquilosada en los dogmas de fe
que incitaban a las guerras religiosas y condenaban el conocimiento que no
tuviese una fuente divina, mantuvieron el statu quo hasta que eventos como la
caída de Constantinopla, El Descubrimiento de América y la adopción de los 4
grandes inventos chinos (pólvora, brújula, papel e imprenta) hicieron posible
el desarrollo de una nueva forma de entender el mundo.
La imprenta, uno de los 4 grandes inventos chinos
Desde finales del siglo XV, la
mentalidad europea se fue transformando teniendo el paradigma del porvenir, del
futuro, como meta y aspiración. La modernidad ha sido un proceso que se ha ido
alimentando de hitos y otros procesos históricos a lo largo de más de
quinientos años y que se ha convertido en la razón de ser de Occidente
(Hobsbawm, 1987).
Cripta Capuchina en Roma, Italia
La
Modernidad
A partir del siglo XVI, comienza una
nueva era para la historia de Europa, que posteriormente dio inicio al período
denominado el Renacimiento. Gracias a los avances en la navegación que
permitieron el descubrimiento de América y los grandes viajes de exploración
del siglo XVI. Los cambios acaecidos por el uso de la imprenta y el papel que
hicieron posible la difusión masiva de conocimiento, permitieron un intercambio
masivo y sin precedentes de información que hizo posible el cambio de la
mentalidad imperante. La valoración y financiación de las artes empezó un nuevo período de
optimismo por el futuro, llamado Modernidad.
Esta era no empieza en un período
determinado, ni el cambio que acarrea sucede de manera simultánea en todo el
planeta: hay varios hitos que la van alimentando y le dan un carácter más allá
de una época histórica; como se dijo atrás es una forma de pensar el mundo, una
nueva cosmovisión que se empieza a difundir de forma disímil alrededor del
planeta. En otras palabras, la adopción de los valores y perspectivas modernas
no se ha dado de la misma forma alrededor del mundo; existen sociedades, aunque
pocas, que siguen siendo premodernas.
El siglo XVI comienza con el sueño de
Thomas Moro y otros pensadores, quienes escriben divertimentos literarios
llamados utopías: fantasías que no existen en el mundo actual pero que es
posible que sucedan en el futuro, un porvenir lleno de optimismo. Las utopías
de Moro, Campanella, Bacon, y otros visionarios más, dibujarían un plano de un
futuro mejor,, optimista y posible. La modernidad mira hacia el futuro, rechaza
el pasado por considerarlo vetusto, está anclada a palabras como innovación y
progreso.
Otro hecho significativo fue la Reforma
protestante, que mina los cimientos de la iglesia Católica en Europa y comienza
a plantear un sistema de pensamiento que tiene mucho que ver con la idea de
previsión hacia el mañana, el rol central del trabajo y la filosofía del ahorro
(Sebrelli, 1997). Todos estos son principios prevalentes dentro de la
mentalidad protestante que se asocia a la idea misma de modernidad.
En el siglo XVII el mundo se expande
con las colonias de ultramar; los grandes viajes permiten la afluencia de
capitales que se mueven hacia ramas diferentes a las necesidades básicas: es el
principio de la revolución científica. Los descubrimientos en física,
astronomía, química, biología y medicina sientan las bases de la ciencia
moderna, desplazando al método tradicional de conocimiento (la escolástica) y
desvirtuando las enseñanzas de la iglesia.
En el siglo XVIII llega la revolución
industrial aunada a los conceptos de progreso, avance, y mejora continua; la
máquina de vapor es la prueba de la perfección. Sería entonces teóricamente
posible crear sociedades-máquina que se asemejen a la máquina perfecta,
intentando copiar el modelo de la perfección para la sociedad: cada componente
es especializado, la limpieza y el orden son fundamentales para que funcione
armónicamente. La revolución industrial permite los excedentes, lo cual acelera
el proceso macroeconómico, y de intercambio internacional, empieza entonces
otro tipo de dominación que no es física, sino de relaciones económicas
(Hobsbawm, 2000). .
El desarrollo económico europeo que se
deriva del comercio de ultramar durante los siglos XVI a XVIII permite que los
excedentes, la nueva riqueza monetaria creada por dicho comercio, pueda
financiar empresas intelectuales como el Enciclopedismo, y hacen posible
asimismo movimientos como el Iluminismo que comienzan a cuestionar el statu quo
político representado en las monarquías.
Lo anterior tiene como consecuencia la
época de las revoluciones políticas: Estados Unidos de América abraza
rápidamente una modernidad religiosa con la idea de “destino manifiesto”. La
independencia de Estados Unidos de América crea este mito fundacional de la
modernidad, es una revolución en todo el sentido de la palabra pues tras 1776
surge un modelo de Estado completamente novedoso que plantea un sistema
político democrático con equilibrio de poderes y una Constitución: es el
principio de la democracia contemporánea.
Luego llega la Revolución Francesa que le aporta a la modernidad el laicismo, la
idea de soberanía del ciudadano, el habitante de la ciudad; una persona
autónoma que decide sin injerencia del clero. Con la Revolución Francesa se
termina de asentar una visión totalmente opuesta a la intervención religiosa,
acaba con la forma medieval de cocnocer y percibir el mundo a través del
caleidoscopio de la religión. La estocada final al poder de la iglesia: la
teoría de la Evolución hace que el mundo se secularice. La teoría de la
Evolución se adapta al determinismo social dando como resultado una
justificación para los procesos coloniales del siglo XIX y XX (Hobsbawm, 2000).
Este último siglo es el siglo del triunfo y la crisis de la modernidad. El
futuro se ve maravilloso: los antibióticos y otros avances en la medicina
permiten que se prolongue la vida dramáticamente. El siglo XX es el siglo de la
infancia y el ocaso de la vejez.
La
Postmodernidad
Con la entrada del siglo XX llegan los
primeros brotes de insatisfacción: la Revolución Bolchevique y la Primera
Guerra Mundial son devastadoras para el optimismo de la modernidad; la promesa
ha sido incumplida, la máquina no elimina los conflictos, los crea. Cuando
llega la Gran Depresión, se crea un choque que a nivel filosófico y literario
se ve reflejado en las distopías de Huxley y Orwell. El futuro ya no es
brillante, es un apocalipsis (Fukuyama, 1992).

Las postmodernidades son aquellos
movimientos sociales, políticos y culturales se oponen total o parcialmente a
la modernidad. Surgen entonces las diferentes ramas de la Posmodernidad que
beben de las fuentes premodernas pues muchos reflejos postmodernos se inspiran
en tiempos y tradiciones premodernas y de las sociedades tradicionales o
percibidas como tal: nuevas formas de acercarse al mundo que son
revolucionarias porque miran hacia atrás, buscan lo perdido por la Modernidad,
son neoconservadoras, buscan la simplicidad de los placeres, regresar a lo
básico, alejarse de una sociedad-máquina que no funcionó (Fukuyama, 1992). Las
postmodernidades son aquellas que ubican los movimientos ecologistas por sobre
los principios del progreso de la modernidad; aquellos que prefieren una
sociedad heterogénea por sobre la homogenización a la que aspira la modernidad.
Referencias
Calinescu, M. (S.F). Cinco caras
de la modernidad. Modernismo, vanguardia, decadencia, kistch, posmodernismo.
Disponible en: http://goo.gl/BIwR9G
Dalby, S. (2008).
Geopolitics, grand strategy and critique: twenty years and counting… Disponible en: http://goo.gl/LDWVBC
Fukuyama, F. (1992). El fin de la
historia y el último hombre. Barcelona: Editorial Planeta.
Hobsbawm, E. (1987). The Age of Empire 1875-1914. London: Pantheon
Books.
Hobsbawm, E. (2000). La Era de las
Revoluciones. Barcelona: Editorial Crítica.
Parra, F. (2005). Modernidad y
postmodernidad: desafíos. Chile: Red PHARO.
Said, E.
(2002). Orientalism. New York:
Vintage Books
Sebrelli, J. (1997). El Asedio a la Modernidad. Madrid: Ariel.
No comments:
Post a Comment